Ser bruja hoy: Witching and bitching en el s. XXI
Ser bruja hace quince años era relativamente fácil. Bastaba con pintarse los labios de marrón oscuro, llevar gargantillas apretadas, echarse eyeliner en cantidades industriales y ser un poco putilla. Vamos, solo había que vestir y comportarse como una adolescente normal de la época.
Hoy se conserva el espíritu malvado y manipulador de la fase “de niña a mujer”, pero todo lo demás es más complicado y, para mi gusto, más bello. Gracias a Hedi Slimane, a los designios de las Vogues y a la última temporada de American Horror Story, ser bruja es sinónimo de ser sofisticada, estilosa y poderosa.
No exagero cuando confieso que mi deseo más repetido desde que era niña es el de ser bruja. Al principio me atraía la idea de ordenar el montón de ropa de la silla a golpe de dedo índice y, poco a poco, empecé a cogerle gusto a la estética y a ese halo de poder femenino. De hecho, cada Carnaval me disfrazaba de lo que tocase este año y reservaba uno de los días para ponerme mi eterno vestido de brujita feísima.
Grandes referentes del mundo brujil en mi infancia, adolescencia y juventud fueron Las Brujas de Roald Dahl (todavía mi libro favorito), la bellísima Maléfica, Jóvenes y Brujas, mi adorada Bruja del Oeste, la encantadora Samantha (Embrujada) y, por su puesto, Mary Poppins.
No me digáis que no son las mujeres más maravillosas que hayáis visto nunca. ¿Quién quiere ser princesa pudiendo llevar zapatitos de punta, sombreros de ala ancha y guantes por el codo, todo en riguroso total black? Como bien dice Carlie Cushnie (co-fundadora de Cushnie et Ochs), "the witch is the ultimate bad girl". Y, muy en el fondo, todas queremos ser eso. Vale, no sé si todas, YO SÍ.
Desde marzo de 2013, por una confluencia de eventos y mucho zeitgeist, la tendencia brujil vuelve más fashion y elaborada que nunca. (Obviamente Tavi ya se entregó al brujerío en 2011, pero por algo ella es visionaria y tiene un imperio editorial y yo tengo un pequeño blog que lee mi madre y cuatro más).
Pero cuidado, la pasarela y las tiendas están tan llenas de brujería que hay que tener cuidado para no acabar hecha un espantajo halloweenero. ¿Cuáles son las referencias a imitar? Aquí las tenéis:
GRACE CODDINGTON
En el primer episodio de American Horror Story: Coven no había que ser un lince para ver la clarísima referencia a Grace Coddington en el personaje de Frances Conroy. Ese pelo de loca, ese abrigo más grande que la vida. Puritita Grace en versión patterned. ¿Y qué tiene Grace que la convierte en referencia brujil? Pues básicamente todo: es un poder en la sombra, tiene inteligencia a raudales y es un ser tremendamente intuitivo
SAINT LAURENT
No quiero yo hablar mucho de Hedi Slimane porque estoy segura de que cada día googlelea su nombre y va apuntando nombres en una libretita. Hedi es muchas cosas horrorosas (por ejemplo, el asesino de Yves), pero si algo tiene es que sabe dominar el mercado y crear prendas editoriales. Uno de los mejores ejemplos, aquellos maravillosos sombreros de su primera colección en la casa francesa, que convirtieron al teaser de American Horror Story (abajo) es un fashion film de la casa.
AMERICAN HORROR STORY: COVEN
Ver esta temporada es un poco como hacer scroll en Refinery29. Solo faltaría que las prendas fueran clicables y pudieras comprar los modelitos en el acto. No es el lugar para hacer un desglose de todas las referencias de estos primeros episodios pero, si os fijáis bien, además de YSL, encontraréis a Michal Pudelka, Margiela y mil más.
VOGUE ITALIA
La revista italiana es más fantasiosa y alocada que sus compañeras de otros países. En parte gracias a Steven Meisel, en parte gracias al extraño mundo mental de su directora Franca Sozzani, Vogue Italia nunca deja de presentarnos mujeres hechizadas.
VOGUE PARIS
En sus buenos tiempos, recuerdo la Vogue Paris como la Vogue de las mujeres fumando, el smokey eye emborronado y el fetichismo desmesurado. ¿Recordáis el Bal Masqué de su 90 aniversario? Aquello era brujería pura.
LAS VOGUETTES
No hay bruja más típicamente bruja que las editoras de Vogue Paris. Delgadísimas, arrogantes, altivas, distantes, siempre de negro y siempre encima de sus stilettos de punta. Es que no se puede ser más malvada.
ELPHABA, LA MALVADA BRUJA DEL OESTE.
A mi malvada bruja del Oeste que no me la cambien. Elphaba es tan horrenda que la actriz Gale Sondergaard rechazó interpretarla en El mago de Oz (1939) temiendo que un papel tan feo pudiera terminar con su carrera. La bruja del Oeste no tiene sentimientos, le da igual su aspecto y tiene más poder que todas las demás. Es egoísta y maravillosa. Elphaba, al contrario que las anteriores, no es bruja de boquilla. Si tiene que matar, mata.
LISBETH SALANDER
Qué retro esto, ¿no? Pero sí, la protagonista de la trilogía Millennium fue de las primeras en incorporar de nuevo la brujería a nuestras vidas. Lisbeth tenía un look rompedor, una mente privilegiada y una vida llena de sombras. Lisbeth era poderosa, insensible y pelín asocial. ¡Perfecta bruja del siglo XXI. Lisbeth, los que te querían no te olvidan.
Piensan distinto, les encanta una provocación, tienen un puntito de secta y visten con pitillos negros, tetas al aire y coronas de flores. Brujas seguro.
Según Hayley Phelan, editora de Fashionista, toda esta nueva tendencia brujil celebra una belleza femenina que gusta más a mujeres que a hombres. Y yo me lo creo. Todos estos ejemplos reflejan a mujeres poderosas y que despiertan temor. Mujeres con un poder exclusivo a su género, capaces de desafiar a los hombres y, en algunos casos, aplastarlos.
¿Y si, en lugar de “the witch is the ultimate bad girl”, estamos ante un “the witch in the ultimate feminist girl”?
Yo digo sí.
Bonus tracks:
Las brujas en el pinterest de emece.
Las brujas en el pinterest de A.Z.Phadrig.















